
Cierta tarde me extravié en el bosque: de pronto vi a un tipo solitario, que cargaba un rifle.
—¿Qué hace usted aquí? Me preguntó el hombre, cuyas arrugas faciales delataban muchas lunas de experiencia.
—Solo estoy paseando.
—Siga no más. Pero tenga cuidado. Parece que hay un lobo cerca.
Pese a lo solemne de su voz, la afirmación me pareció inverosímil. «¿Lobos?», pensé. «No lo creo».
Seguí caminando, despreocupado. Era otro aburrido domingo, de esos en que dan ganas de morirse o de borrarlo del calendario para volver al horrible lunes que otros detestan, pero que yo siento como un respiro. En eso, sentí que algo o alguien me tomaba por la espalda, que hizo nublar mi visión. Supuse que era muy tarde ya y que el sol pronto se ocultaría tras la montaña. Repentinamente, la oscuridad se aceleró.
Al despertar, el hombre del rifle me apuntaba a la cabeza.
—¿Qué pasó? —le pregunté, mientras tenía la sospecha de que el guardián no me entendía ni me escuchaba. Al final, antes de dormir, alcancé a escuchar entre la oscuridad:
Al despertar, el hombre del rifle me apuntaba a la cabeza.
—¿Qué pasó? —le pregunté, mientras tenía la sospecha de que el guardián no me entendía ni me escuchaba. Al final, antes de dormir, alcancé a escuchar entre la oscuridad:
«Le dije a ese muchacho que había lobos cerca».
3 comentarios:
Impresionante!! y no se le pasó algo de su vida por delante? bueno, no, me gusta más así, como si fuera un sueño, una lenta modorra... tal vez lo otro ocurra sólo cuando tienes consciencia de que vas a morir... porque no creo que pase cuando te asfixias con un gas, ya que es como entrar en un sueño, no sabes lo que está pasando!... ^^
Viiissss!! me encantó este corto relato!!!
Intrigante e inquietante..
Buen relato..!
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