viernes, 10 de julio de 2009

Sandmann


Descubrí a Sandmann una tarde, mientras veía Good Bye Lenin! (un film devenido de la Ostalgie).


El imaginar la infancia de los niños de la extinta República Democrática Alemana inevitablemente me traslada a mi propia infancia, plantado frente a un televisor en blanco y negro mirando al Topo Giggio pidiéndome de forma inútil que me vaya a dormir. Sin embargo, los contextos debieron ser distintos.


Cuando chicos, el hablar de comunismo era remontarse a Cuba y a compararnos siempre con cualquier país, llegando a la siempre triste conclusión de que el Ecuador estaba a la cola de todos. En el fondo de mi corazón siempre creí que éramos mejor que el Perú (No era acaso el enemigo que el sistema educativo y cívico nos enseñaba para justificar un patriotismo forzado?), sin embargo, el concepto de la patria chica era mayor: en el fondo, quienes dominaban e imponían sus conciencias sobre la nuestra insistían en que para ser grande no bastaba el corazón, sino la fuerza física.


En fin. Volviendo a Sandmann, hay una escena de esa peli donde lo conocí que es causa de un dolor ajeno: cuando Alex visita a su padre en el lado occidental de Berlin, y conoce a sus nuevos hermanos, quienes durante una fiesta están en la sala mirando televisión. Alex se presenta ante ellos, quienes al ver al muppet dicen ¡Es un astronauta!, a lo que Alex responde "De donde vengo, les dicen cosmonautas" (obviamente el diálogo transcurre en alemán). Y de donde vienes? le preguntan los chicos, a lo que Alex concluye: "De otro país".


3 comentarios:

Mo Ka Hammeken dijo...

Es increible y triste. Me conmueve como creo es la intención. En un mundo con la misma idea, que al llamarla diferente te hace sentir extraño y distante.

Saludos.

Kodama San dijo...

Siempre parecemos extraños y distantes a lo que es diferente...

Un abrazo.

Marcelo Dance dijo...

Desde que recuerdo, siempre sentí fascinación por la República Democrática Alemana. Nunca se me borraron las imágenes blanco y negro (casualmente) del Mundial de Alemania de 1974 y esas letras DDR sobre la camiseta azul, casi como un futuro símbolo de mercadotecnia.
Anyway, dos Alemanias eran mucho
mejor que una. E imagino que muchos alemanes orientales luego de probar las agridulces mieles del capitalismo, llegarán a la misma conclusión.
Auf Wiedersehn!