lunes, 22 de marzo de 2010

El pez


Aquel pequeño ser jamás se imaginó que terminaría solo en medio de las dunas de arena; su vida en el mar había sido un laberinto de peligros, de tiburones, de tormentas, y finalmente de pescadores. Cuando aquella red de hilos retorcidos lo atrapó junto con sus compañeros pensó que el fin de los días bajo el mar y con un tenue resplandor en forma de silueta, al menos no sería una muerte triste y solitaria, a pesar de la asfixia, del sudor de unos extraños seres cuadrupedos que no podían volar y de un extraño objeto al que sólo miraban cuando intentaban alcanzar el cielo.

Sin embargo, la casualidad no jugó un buen papel y la retorcida red, que dejó al descubierto un cuadrado vacío, le dejó caer, camino hacia la desconocida aldea en donde su carne se convertiría en el más preciado manjar y se parecería mucho más al sol al calor de la brasa. Por alguna extraña razón, el pez cayó en un pequeño charco en medio de las dunas, lo que le permitiría divagar por algunas horas.

Al llegar la noche, el pez miró miles de pequeños puntos brillantes que le recordaron a las anguilas de las profundidades. La soledad en medio del desierto por un momento pareció ceder; sin embargo, aquello era tan solo un espejismo. El agua está por terminarse; se pregunta que habrá sido de los miles de compañeros que recorrieron junto a él por corales, líquenes y deliciosas algas que un día fueron su golosina preferida.

El silencio bajo el agua es como un paraíso; de pronto aquellas lucesitas tenues se convierten en cálida escarcha. Es hora de dormir, pequeño pez; es hora de convertirse en libertad.

domingo, 21 de marzo de 2010

Eso que no puedo decirte

Duerme en silencio,
quizás la oscuridad esté hecha
de olvidos.
Duerme mientras el mundo
no deja de girar,
siente como el frío recorre
mis huesos.
La nostalgia se encerró en
una lejana estrella que no puedo
alcanzar,
y el amor es como nieve que
nunca llega.
Desde una montaña pretendo
mirarte sin que puedas mirarme
también,
para que la angustia no me
desborde.
El ruido de los autos no me
permite escucharte,
tampoco los pájaros
de madrugada.
Puede que la vida esté hecha
de olvidos;
no sé si estoy listo todavía.

viernes, 19 de marzo de 2010

Algunas despedidas

Esa tarde, en que llegué con una sonrisa, me había encontrado con otra: con la suya. Algo temeroso, decidí saludarla. Luego me acerqué; quizás no debí, pero algo por dentro me insitó a hacerlo. No me arrepiento. El mirar sus ojos, luego de la oscuridad imaginaria, fue algo nuevo, a pesar del pasado y de la tormenta que un día vi en ellos. Eran como una laguna plácida. Sentí tranquilidad. Los mejores momentos, a veces, son los que no se planean. Puede que ya no importe; siempre es bueno verla, aunque sea de vez en cuando. Tal vez no pueda crear cosas nuevas; pero quizás aún pueda sentirlas. Siempre es bueno reencontrarse con su sonrisa, aunque sea pura casualidad.


sábado, 13 de marzo de 2010

Una canción para escaparse

Dejando detrás el sol,
la razón se esfumó,
está bien, no hay por qué.
reaparecer.
Desde entonces sin saber,
donde ir y no volver,
y jugar a aparecer,
entre la nada.
Está bien,
no había lugar para
juntar el agua y el aceite,
que más da.
Sólo intento escribir,
sólo intento descubrir,
una canción,
para escaparme.
Que más da,
la soledad,
es un invento
para dar,
si pudieras dibujar,
tu sonrisa en el aire.
Sólo intenta escribir,
sólo intenta descubrir,
una canción,
para escaparte.
Era un tren,
al vacío.
Hoy saldré a caminar
por el aire.
Dejame,
dejame escaparme otra
vez,
dejame encontrar una
canción,
para escaparme.
El andar sobre el viento,
el sentir sólo el momento,
es como buscar una canción,
para escaparse.

sábado, 6 de marzo de 2010

Contusión


A veces cuando la noche se apodera de la ciudad, y en la tele no hay nada que mirar, y los libros esperan en silencio por una mano que despeje sus secretos, me parece estar despertando de una larga pesadilla llamada día. La inmensa pausa en donde tratas de crear algo para tí mismo se convierte en algo así como un refugio, en donde los recuerdos van y vienen, como círculos, en donde te das cuenta que a veces extrañas a las personas, y que las olvidas también, pero que a pesar de todo regresan una y otra vez para jugar contigo a los dados, al azar, a la casualidad, a la coincidencia, a buscar algo y perderse en todo lo demás.

Como un moretón que evitas se extienda dentro de tí, matizado por palabras lejanas y ausentes, el dolor es como una inyección que acudió sin previo aviso, como mirar de pronto a un elefante en la esquina de tu casa, un buen día, sin ninguna explicación.

Y ni las tibias compresas ni el analgésico más fuerte pueden a veces disiparlo...

jueves, 4 de marzo de 2010

Pausa cero

A veces siento como el vacío se apodera de cada instante mientras en el televisor pasan un video clip de tecno chicha sin otro fundamento que sustituír un vacío de conocimientos imposibles de llenar casi como un pozo de agua en Atacama o en el Sahara mientras el sol que todo lo devora y convierte en polvo en algún otro remoto lugar se refleja sobre un torrentoso río capaz de ahogar hasta el último suspiro de un pájaro que vuela de un lugar a otro desde su arribo al nido hasta su ocaso en el fondo de alguna montaña que suele mirarnos silenciosa de vez en cuando y que nos recuerda cuan grande es el mundo y cuán mundano es el riesgo del sólo hecho de atravesar una calle a la víspera del atardecer cuando las luces de los horribles edificios del centro norte de la ciudad se encienden sin frecuencia alguna porque para entonces los inquilinos y demás ocupantes de esas oficinas están embriagándose en algún cercano bar con algún trago barato mientras emprenden otra aburrida conversación sobre si es mejor el socialismo o el capitalismo que te obliga a acudir todos los días a esa aburrida oficina a ganar el pan de cada día como sí sólo vivieras comiendo pan o con pan pagaras las cuentas de luz de agua de teléfono de gas o la pensión de la escuela y el colegio de ese padre arribista que a pesar de decirse socialista sueña en el fondo con ideas tan escuálidas como mejorar la raza o el status social a través de la inclusión de su guagua en el jet sed donde con suerte su hijo se hará el mejor amigo del hijo del jefe o que su hija se enamore de él para soñar con compartir la empresa que durante los ochentas fue parte del gran aporte del estado que sucretizó las deudas y que le permitió incluirse en el tren del neoliberalismo que sin embargo critica y manda al carajo a la sombra del poster del Ché Guevara y bajo la atmósfera de un cigarrillo y de un viejo disco de Inti Illimani que consiguió gracias a aquél exiliado chileno que conoció un día en el estadio mientras su equipo preferido El Nacional ganaba su segundo tricampeonato ignorando que otros equipos tomarían años más tarde la posta de ser los preferidos apoyados por una legión de hinchas radicales que luego conformarían barras bravas al calor de la yerba del reggae y de los panas reunidos en alguna esquina sin esperanza en un falso futuro sólo cobijados por el presente mientras las chicas lindas pasean con sus puperas bajo un par de inmensas gafas que ocultan sus rostros mientras el implacable sol sigue haciendo de las suyas en esta Quito equinoccial y árida mientras los pocos árboles que quedan bailan con el viento invitándome a apartarme de la selva de cemento y escapar hacia donde nadie puede mirarme...