martes, 30 de noviembre de 2010

Mi parte negativa


En verdad piensas irte? me dijo con voz burlona. No durarás ni un segundo fuera concluyó riendo aún más.

Ese día, había despertado como de costumbre, con un fuerte dolor de cabeza y un intenso ardor en la garganta. El cuarto estaba sucio; una botella de cerveza a medio terminar era el único ornamento sobre el velador. El camino a la Universidad, como de costumbre, era una sucia calle con un par de ratas buscando entre los escombros.

En medio de la aburrida clase de Historia, la pantalla de mi viejo celular se encendió; era un número desconocido. Sin embargo, la batería estaba en sus últimos suspiros. Nunca supe de quien se trataba.

Simulé una tos carraspera y decidí salir de la clase; el bosque cercano a la universidad me pareció el mejor lugar para el ocio. Quise encender un cigarrillo para simular un intelecto del que carecía, pero no hallé algún fósforo. Supuse que llorar ayudaría a aliviar las tensiones; al final no pude hacer ni lo uno ni lo otro.

Dicen que cuando no te encuentras a ti mismo es el momento más propenso para hallar tu parte negativa; tomé un cuchillo y decidí jugar a los policías y ladrones. Cada vez que caminaba, siempre notaba que las mujeres llevaban su bolso sin demasiado cuidado. Fue entonces que decidí probar suerte. Una mujer, más o menos de treinta años, llevaba una cartera de color blanco, casi como arrastrándola. Alguna vez leí en una novela de Albert Camus que el calor inspiraba a matar; en mi caso, esa mujer me inspiró no solo robarle el bolso, sino también besarla.

Los segundos pasaron, y decidí correr. No sería nada fácil. A dos cuadras estaba un policía. Recordé casi de inmediato, sin embargo, que ellos no hacen nada ante estos casos. Procedí entonces. Le quité la cartera. Ella corrió enseguida para recuperarla. Corría. Podía escuchar como algunas personas gritaban "ayúdenla". A veces, los héroes aparecen en los sitios más inesperados. Entonces apareció. Era un negro, casi de dos metros. La gente no se atrevía a acercarse.

"Devuélvele la cartera chuchaetumadreme dijo, con su voz de acento costeño.
Ja, ja, ja le respondí. ¿Crees que la gente te va a apoyar? Mas bien pensarán que tú le robaste.

En eso, el tipo se acercó, y forcejeando, intentó arrebatármela. Pero no contó con que yo traía un cuchillo, y de inmediato, se lo clavé en el pecho, dejé la cartera y me dí a la fuga.

Minutos después, ya en casa, recordé que tenía una cita de estudios con Vannesa, mi compañera de grupo. Pero a partir de ese día ya no volvería a estudiar. Al llegar, estaba esperándome; la saludé con desdén, olvidé saludar a mi madre, y fui de inmediato a buscar la mochila más grande que tenía. Vanessa me siguió hasta mi cuarto.

En verdad piensas irte? me dijo con voz burlona. No durarás ni un segundo fuera- concluyó riendo aún más.

Eso a tí no te importa le respondí. Y dejando como último recuerdo un par de gotas de sudor, salí de esa habitación para no regresar.


sábado, 20 de noviembre de 2010

Rayo de sol


La mañana se va con sus pájaros,
por un pedazo de cielo mataría en este momento;
celeste horizonte que esconde detrás lo que
ya no podrán tocar nuestras manos.
Sobre un charco en el asfalto vi tu alma,
era un arco iris de colores imposibles de imprimir
en un papel.
Los recuerdos se desvanecieron como tinta en el agua,
bajo el hielo aguardan las palabras que siempre
esperaron ser pronunciadas.
No hay regreso.
La tarde nos envolvió disfrazada en calendarios,
pero muy dentro un rayo de sol derritió el hielo.
Las hojas seguirán cayendo,
pienso,
quizás un día para encontrarnos,
quizás un sueño para descansar
y entender que habrá detrás del velo.
Los libros aguardan mil historias perdidas
entre tú y yo.
Entre tú y yo nos separa
el cielo.

viernes, 19 de noviembre de 2010

viernes, 5 de noviembre de 2010

LSHV

Puedo contar,
los días que,
me quedarán,
un hálito de incertidumbre
intenso,
no sabe como devolverme
el aliento.
Y cada canción,
en mi memoria,
me lleva hacia el vacío.
Una espiga seca,
atravesó el camino,
y me juntó hacia
el destino.

Que nos quedará
sino un puñado de palabras
sin decir,
tantas páginas vacías,
tantas canciones sin oir.
Lentamente el mundo
y sus latidos me llevaron de aquí.
Y no sé,
si estaré de nuevo,
bajo la lluvia que imaginé
en el desierto.

Y una voz me dice
deja los recuerdos,
aplasta la nostalgia,
que nada era cierto,
ni siquiera soñar.

Pero hace tiempo que,
la brújula se averió,
Barcos de papel,
hundidos bajo el sol.
¿Cuántos naúfragos,
habrán dentro del mar?

Y me imagino que regreso
y no puedo callar.
A veces pretendo escalar
una montaña blanca.

Y una voz me dice
deja los recuerdos,
aplasta la nostalgia,
que nada era cierto,
ni siquiera soñar...