En 2009, mientras conseguía su cuarto título dirigido por Rubén Insúa y en serie B ascendía un club casi desconocido llamado Independiente del Valle y descendía a Segunda Categoría el Aucas, nadie imaginaba que esa odisea del cuadro oriental sería poco con lo que le esperaría al Quito en 2018, cuando por un tema de deudas, la FIFA decidiría enviarlo aún más abajo del infierno: en 2019 jugaría en el fútbol amateur.
Los hinchas de Liga le arrojaron pan en su última participación en Serie A y la Federación lo descalificó de la primera edición de Copa EC sin haber perdido. Aún así, continúa llevando más aficionados a la preferencia del Atahualpa que Cumbayá, Católica, América o el mismo Nacho.
Nacido en la plaza del Teatro, donde al reencontrarse con el campeonato nacional en 2008 luego de cuarenta años sus hinchas ya no encontraron la pileta, sus colores son inspiración para muchos, como lo fueron una lejana mañana de los años 60 para Ernesto Guerra o una tarde de los 80 para Álex Aguinaga. Fue el primer campeón nacional de la capital, ha llenado el estadio de Chillo Jijón más veces que el IDV y aunque a diferencia del Aucas muchos le anticiparon el pésame en vida y le descendieron a barriales y colegiales, es más zombie que The Walking Dead, más inmortal que taraxaco y es eslabón entre ser humano y calamar al tener dos corazones.
No hay comentarios:
Publicar un comentario