martes, 8 de noviembre de 2011

El suéter de rayas

Y me gustaba tu risa triste, pues aunque distante, era cuando más cerca me sentía de tí. Esa sonrisa serena, silenciosa, que hacía juego con tus párpados a medio camino, bajo ese cerquillo de noche obscura y niebla, en donde tenías que adivinar en que sitio se ocultaba la luna para mirarla y hallar por fin la paz interior. Cuando estabas, la vida era como una dulce canción de piano, cuyos golpes se escuchaban desde el otro lado de las montañas, que atravesaban un vaso de cerveza y convertían el celeste en miel. Cuando te ausentabas, los libros del mundo se volvían páginas en blanco. Era tan chica tu voz... como si una abeja hablara. Es tan grande el silencio... ya no creo en milagros ni en compasión. Y me gustaba tu risa triste, pues aunque distante, era cuando más cerca me sentía de tí.

1 comentario:

Carol García Zambrano dijo...

Sencillamente, Me encantó!!!, tú sí sabes cómo hacer que las letras lleguen al alma.