martes, 13 de enero de 2009

Martes 13


No, no hablaré sobre algún monstruo al estilo de Freddy Krueger o Jason ni tampoco repetiré el ya conocido refrán que te recomienda no emprender nada en esa fecha. Simplemente quiero compartir una experiencia que me ocurrió durante esta mañana de martes 13 de enero de un año cualquiera.


Llegaba a la Universidad para dictar un taller en la Facultad de Comunicación Social cuando, en medio de mi acostumbrada distracción, escuché el fuerte llanto de un perro. Nunca me agradaron del todo ese tipo de animales; siempre me he sentido más familiarizado con los gatos. Sin embargo, he visto muchos perros, y creo que después de las personas son los seres vivos que más se dejan ver en la ciudad. Estaba justo en el ingreso oeste de la U. Central, la mayor Universidad del Ecuador. Los chicos llegaban apurados a clases: eran las siete y media de la mañana (acá se entra a las siete), por lo que la ansiedad se respiraba en el ambiente y también dentro de los vehículos que, sin ningún tipo de consideración aceleraban al cruzar el control de rutina de la guardia universitaria. "Era una man locaza en un carro plomo" escuché poco después a uno de los muchachos que había presenciado el accidente del infortunado animal.

Ya concentrado en el pequeño perro, cuya raza desconozco pero puedo describir que era uno de aquellos muy peludos y de color gris, lo siguiente que sentí fue un tipo de angustia causado por el agudo lamento de su interior. El perrito daba varias vueltas; entonces empezó a vomitar. "Creo que se va a morir" pensé. El animalito estaba en medio de la vía; de mi lado, unos metros más abajo estaban unos chicos aparentemente sin nada que hacer con varias expresiones: unos tenían cara de asombro, alguno trataba de esconder una carcajada inexplicable. Fue entonces cuando decidí acercarme. "Al menos voy a colocarlo sobre el jardín del otro lado para que muera con algo de dignidad", reflexioné ingenuamente. Entonces apareció alguien: tenía el aspecto de los chicos ecuatorianos que gustan del heavy metal. "¿Vas a acolitar a llevarle al perro? Más acá hay una clínica en la Facultad de Veterinaria" me dijo mientras levantabamos entre los dos al desafortunado perro.

El consultorio veterinario de la Universidad de no se hallaba demasiado lejos. Mientras llevábamos al perro, no decía nada. Por un momento me detuve a examinar sus grandes ojos negros, que bajo ese pelaje abundante brillaban a pesar del dolor.

-"La consulta cuesta seis dólares, ¿alguno de ustedes es el dueño del perrito?" nos dijo la joven practicante encargada del consultorio.

-No, sucede que le acaban de atropellar y decidimos traerle para acá- respondió el chico con quien intentamos socorrer a la criatura.

-"Chuta, le puedo dar desinflamantes y examinar si no tiene otras fracturas, pero no podemos tenerlo acá... pero si quieren asegurarse al menos de que le den hospedaje les recomiendo llevárselo a Protección Animal, que no queda muy lejos de aquí de la Universidad" continuó.

Por fortuna mi nuevo y a la vez desconocido amigo estaba en un vehículo junto a sus compañeros de facultad y trasladamos al perro hasta el Consultorio de Protección Animal Ecuador, ubicado unas calles más abajo de la Facultad de Veterinaria.

Al volver a amarcar al peludito animal, me acordé de todos los perros que alguna vez formaron parte de mi vida: una perrita que vivió con nosotros cuando eramos más chiquitos, otra perrita que encontré bajo un árbol y adopté por un tiempo pero que murió por un descuido mío, y otra perrita arrugada que mamá me obsequió durante la última navidad. Al bajarnos del carro para ingresar al PAE, el perro volvió a chillar con fuerza: una de sus patas estaba sangrando.

Hasta allí llego nuestra travesía. Tuve que seguir mi camino hasta la Facultad, en donde aguardaban mis alumnos del taller. El chico rocker y sus dos amigos se quedaron con el perro en el consultorio. Hoy me he puesto a pensar en lo duro que debe ser vivir no sólo para estas criaturas, sino para todos los seres vivos que se encuentran sólos en tantas circunstancias. No sé que pasará con el perro; me alienta un poco el hecho de que en el consultorio universitario la doctora nos dijo que el animal no tenía un mal aspecto y que parecía que estaba bien alimentado, por lo que posiblemente se trataba de la mascota perdida de alguien. Espero que así sea. Sin embargo, no puedo estar seguro.
Nunca le pregunté cómo se llamaba al chico que me acompañó a llevar al perrito. Supongo que en el dolor los nombres, etiquetas o refranes son lo que menos importa.

7 comentarios:

Kodama San dijo...

Oooh, pobre perrito!!. Pero qué bueno que lo hayan ayudado, eso es bueno :) Típico ahí lo hubieran dejado y los demás lo hubieran seguido "pisando"

Cómo va tu perrita? cómo era que se llamaba?

Marcelo Dance dijo...

Las mascotas ayudan a hacernos más placentera nuestra existencia.
Ellos siempre están ahí y demuestran su lealtad y su cariño sin esperar mucho a cambio.
Que buena la actitud de esos pibes. Rockers de corazones blandos! Todo lo contrario al que atropeyó al pobre perrito.
Admiro los países que castigan severamente la crueldad sobre los animales (Inglaterra es el mejor ejemplo que me viene a la memoria).
Ojalá el hombre evolucionara hacia un respeto verdadero por sus semejantes y sobre todas las especies animales.
Saludos David!

Fito Valladares dijo...

Todavía hay seres humanos, bien por el salvarle al perro. Y un aplauso por esa actitud solidaria del buen pana rockero.!!!! ¿No que esos manes, los rockeros, son drogados y satánicos??? Satánicos cualquiera de esos ignorantes transeúntes que se hacen de la vista gorda o rompen en carcajádas-. SALUDOS.

INSTANTES dijo...

Al parecer no recuerdo nada especial o de mal agüero en ningún martes trece; entonces son martes 13 que pasan desapercibidos. Sí hasta me doy cuenta después que fue martes trece…en fin.

Que bueno saber que siempre hay personas que están dispuestas a ayudar a los hermanos menores.
Mis bendiciones!!!

David Nicolalde dijo...

Kodama San: Muchas Gracias. Mi perrita está bien; me cuesta aún adptarme a los perros, pero ahi vamos en el intento. El sábado la han operado de un tumor que tenía sobre uno de sus ojos.

Marcelo: Si, es una cuestión de respeto, y es una lección para repasar cada día.

Fito: La ignorancia, un enemigo difícil de vencer.

Instantes: Sobre el martes 13 o cualquier festividad es cierto, depende de nuestro estado de animo.

azpeitia dijo...

Beau Geste...amigo...yo tengo tres pastores alemanes y son mis grandes amigos...nunca me traicionan y siempre mueven la cola cuando me ven...un abrazo de azpeitia

Danilo dijo...

Saludos Nico.
Esto me recordó a mi novia. Tiene tres perros, dos de los cuáles son recogidos en la calle. Dos gatos, de 5 que fueron encontrados recién nacidos en el techo de su casa hace más o menos un año y dos canarios, que no sé de dónde salieron.
Le gustó mucho el gesto. A mí también. Bien hecho.
Un abrazo. Hasta pronto,