Fue la máquina gris, roja y tornasol. Primer bitricampeón, primer club no guayaco que se dio una vuelta olímpica en el estadio Monumental del Barcelona y uno de los tres cuadros profesionales del mundo en jugar exclusivamente con talento local, hasta aquella vez en que un cafetero con documentos alterados ensució esa tradición.
Fundado por miembros de las Fuerzas Armadas y auspiciado por ellas hasta que un un jefe de estado hincha de Emelec eliminara su aporte obligatorio, el Nacho compartió la hegemonía de nuestro campeonato y fue probablemente la primera escuadra con más aficionados de la Sierra y la segunda a nivel país entre los 70 y 80, durante la dictadura militar y los grises años del retorno a la democracia.
No ha ganado aún la Libertadores como el Nacional colombiano o el Nacional uruguayo; lo más cerca que estuvo fue en el 85, cuando otro poderoso rojo, América de Cali, que tampoco sería campeón ese año, ocupó su lugar. Hace poco regresó de la B, volvió a la B y dentro de poco quizás descienda a Segunda Categoría.
En redes sociales muchos sugieren salvarlo, a pesar de hinchar por otros equipos. Y es que el cuadro militar, como los demás clubes capitalinos, hasta 1997 en que Liga de Quito inauguró su estadio, fue el protagonista de varias dupletas en el estadio Atahualpa, donde era común acudir entre familia y panas con camisetas de distintos colores. Érmen Benítez, Cléber Chalá, Byron Tenorio, Ítalo Estupiñán, Polo Carrera, Antonio Valencia, Juan Carlos Burbano, Édison Méndez y muchos más, fueron y son parte de la alegría de los seguidores de los Puros Criollos.
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