martes, 3 de mayo de 2016

El Grupo

¡QUÉ VAMOS A HACER AHORA! —nos gritó, con su histérico tono de voz, el mismo al que recurría cada vez que una mala nota se posaba como una amenaza en su envidiable promedio semestral. Desde luego, al Edgar eso no le importaba más que el próximo partido de Copa Libertadores de Liga, ni a mí, más preocupado de la Paulina que de otra cosa.
     La materia era Análisis de Coyuntura, y el tema de exposición era la Economía de la República Democrática Alemana en la década de los años ochentas. Nuestra histérica líder de grupo, la Danny, alguna vez nos conversó que existieron dos Alemanias, pero quien verdaderamente conocía de ese tema era el Santiago, verdadero conocedor de la geopolítica mundial, y quién sería nuestro salvador del semestre, incluso por encima de la odiosa de la Danny, que se las daba de conocer sobre todo pero que en el fondo no sabía nada, y mucho más de la Estefany, tan despreocupada como el Edgar y yo.
     El día de la asignación del grupo, nuestro plan era juntarnos el Santi, el Edgar, el Juan Carlos (mejor conocido como "Fercho"), la Majo (una man a la que el perro del Edgar le tenía ganas desde propedéutico) y la Estefy, pelada del Diego, a quien habríamos querido tener de compañero también, pero que se retiró el semestre anterior de la universidad. Nuestra profe, la Eugenia, quién gustaba de ser llamada así pero detestaba ser tuteada, sin embargo, decidió que "no habrían grupos por afinidad", y que serían designados a dedo. Así, se formarían cuatro grupos de 5 personas, dado a que éramos 20 en el curso. Por una extraña confusión, el Edgar y yo terminamos en el mismo grupo (en realidad se debió a que la profe no quiso que la Danny y la Pamela, bastante competitivas, quedaran en el mismo, por lo que decidió sacar a la Pame de ese grupo y ponerme junto con el Edgar, mi compañero de farra). Sin embargo, lo mejor fue que nos mandaran al Santi, un chico tímido pero bastante decidido en convertirse en abogado. Él y Danny seguro tomarían las riendas del tema, y no habría nada que temer. Pero tras la muerte del Santi, en aquel accidente en la carretera, y la negativa de la profe a extendernos el plazo por una semana más (vieja insensible), estábamos en un aprieto.
—¡QUÉ VAMOS A HACER AHORA! —nos gritó la Dany, a menos de 24 horas de presentar la exposición.
—Supongo que tendrás alguna cosa —le dije en tono algo cínico. 
—Qué verga de Euge, nos hubiera dado más chance, ni porque se murió el Santi chch