domingo, 7 de junio de 2026

Dusan

Hay intrépidos —más bien temerarios— que aseguran que uno no muere de muerte sino de olvido. 

    Dušan Drašković (Dusan, para los amigos) llegó a nuestro país un 5 de marzo de 1988, un año después de la muerte de mi padre y del secuestro de León Fébres-Cordero, y dos meses después de la desaparición de los hermanos Carlos y Andrés Restrepo. Ese año concluiría con Emelec de Guayaquil imponiéndose a Deportivo Quito en la final del campeonato nacional de fútbol; ese año todavía existía Yugoslavia.

    Nacido en Bania Luka, ciudad de la actual entidad subnacional bosnia conocida como «República Srpska», pero criado en Montenegro, llegó a dirigir a nuestra Selección luego de una carrera no muy difundida como jugador y entrenador en los por acá desconocidos clubes serbios de Spartak Subotica, Vojvodina y Radnicki. Contrario a la creencia de que todo por acá se consigue a punte palancazo, se dice que la Federación lo evaluó por sobre el desempeño del brasileño Walder Pereira (Didí) y el vasco Javier Clemente. 

    Según testimonios de la época, hizo scouting por varias provincias del país para conformar el equipo que, según muchos especialistas, iniciaría la revolución de nuestro balompié, si bien muchos críticos sostienen que el mérito le corresponde a Hernán «Bolillo» Gómez (y por partida doble además, tras haber sobrevivido a un atentado). 

    En esa escuadra jugarían Álex Aguinaga, quien ya vestía la tricolor desde 1987; Carlos Luis Morales, Víctor Mendoza, Carlos Muñoz y Jimmy Izquierdo —que partieron ya—, Hólger Quiñónez, Luis Capurro, Jimmy Montanero, Raúl Avilés, Kléber Fajardo y otros nombres, algunos que permanecieron durante la Copa América de Argentina 1989, Chile 1991 y nuestra edición de 1993; otros que rotaron entre las eliminatorias para Italia 90 y Estados Unidos 94 y sobrevivieron hasta la era Maturana rumbo a Francia 98. Álex Aguinaga e Iván Hurtado conquistarían posteriormente el entonces sueño máximo de nuestro fútbol: clasificar al Mundial Japón-Corea 2002, bajo la tutela del Bolillo.

    La Copa América de 1993, disputada en nuestras canchas, sería el prime de Dusan, tras alcanzar las semifinales luego de una hasta ahora insuperable racha continental de victorias frente a Venezuela, EEUU, Uruguay y Paraguay. México, que despedía la carrera de Hugo Sánchez sería nuestro verdugo y el verdugo de Dusan; Colombia nos arrebataría el premio de consuelo. Luego de ese torneo y tras las eliminatorias para la Copa FIFA del siguiente año, Brasil y la entonces sorprendente Bolivia se quedarían con los cupos.

    Luego de aquel duro traspié, Dusan partiría a Brasil para dirigir al Bragantino y regresar luego al Barcelona. Los combinados nacionales de Bolivia y Sierra Leona también le darían una oportunidad, así como el club Comunicaciones de Guatemala. Finalmente optaría por establecerse en nuestro país, que le acogió, aplaudió y criticó mientras su país de origen se desarmaba durante las guerras entre nacionalistas serbios, croatas y musulmanes. 

    Se dice que Dusan estableció el biotipo como característica fundamental del futbolista tricolor y que aplicó en nuestro equipo el principio del jugador táctico polifuncional, que serían las bases de nuestra actual Selección. Dusan fue alegría, tristeza, victoria, derrota, frustración y esperanza. La Historia no suele reconocer a quienes empezaron la obra sino a quienes la concluyeron.