lunes, 31 de agosto de 2026

La granada

     —No entiendo, ¡se supone que salvé al equipo!  

     Esperaba al menos un «gracias». De no haberme arrojado sobre el balón cual soldado sobre una granada, para salvar la vida de todos en heroico y desinteresado sacrificio, el gol sería inminente. Tenía seis años, iba en Primer grado A y el partido contra Segundo B iba empatado casi al final del partido, unos minutos después de ingresar.

     —¡Solo el arquero puede coger la pelota con las manos! ¡Tú eres defensa!