lunes, 27 de julio de 2026

Liga de Quito

Club de paradojas e hipérboles: su camiseta es llevada por aficionados en la San Pancho, la UDLA y la Cato; sus hazañas conquistaron el corazón de un Oliver de carne y hueso en Japón, al otro lado del mundo. Fue el primero del país en alzar una Libertadores en 2008, esa noche de penales en que la altura celebraba y el puerto reprochaba que uno de sus rivales alcanzara lo que ellos no, en aquel nuevo Maracanazo.

    Carrera, Berrueta, Marsetti, Manso, Bieler, Salas, Cevallos: ese mismo que no pudo ser profeta en su propia tierra. 

    Es ese uniforme blanco que en una noche de neblina disputó un clásico de paz contra otra camiseta amarilla y uno de guerra contra una lejana azulgrana, mientras arrancaba camisetazos en Solanda o Carapungo. Es un estadio que se mira desde lejos, una copa que aún no se toca y un aliento que parece ventisca por la Universidad Central en cada tarde de pileta.