viernes, 24 de mayo de 2013

Synth

Oh, pequeña,
cuán pequeño es el mar
en tus pupilas.
Cuan efímero el instante,
cuán falaz el aliento.
Acá,
junto a un reloj en paro,
que 14 veces en una semana
dará la hora exacta.
Te miro y escucho música
que proviene de lejos.
Adelante y atrás.
La vida,
jinete espacial que nos conduce,
al paso de un gato cuya cabeza
contemplé desde el infinito.
Como cuando jugaba a recrear
el mundo,
con crayones,
sobre un terciopelo.
El cometa que rozó el planeta
que no recuerdo,
y que tal vez mirarás cuando
yo ya no pueda.
Se reflejará en tus ojos,
y alguien dirá,
un día,
oh, pequeña,
cuán pequeño el infinito
en tus pupilas,
y el mundo será otra vez de
terciopelo.

martes, 14 de mayo de 2013

Nuestra Señora del Destierro


Deja de estar pensando,
que cumpliré tus sueños,
me iré muy lejos,
y no volveré.
Renegaré,
cuando me sea imposible,
apartarme de tu lado,
y no saber, volar.
Porqué,
los chicos suelen dibujarte cartas,
y decirte tantas cosas copiadas de libros,
que quizás a veces,
no sentirán.
Y te pediré,
de vez en cuando,
el auxilio de la vida,
pero también,
sabré asaltarte y mentirte,
y probablemente no seré,
el chico ejemplar,
que sueles presumir a tus amigos.
Y dudaré de tu amor,
y dudaré de todo.
y querré irme muy lejos,
y no volveré.
Y en una isla.
sentiré que vivo junto a ti.
Y me querré marchar y solo pensaré en mí.
No sé si sea capaz
de entender tu dolor.
no creo en los días,
ni en las noches,
en que,
susurran tu nombre,
los invadidos por el miedo,
y la soledad.
Quisiera charlar contigo,
pero la convención social,
pondrá entre una barricada entre nosotros,
y,
quizás,
nos enseñe a odiarnos un poco,
y quizás,
para sobrevivir,
un día más.
No volveré.
Tu vida no es la mía aunque
la mía,
haya sido en ti.
No volveré.
No seré el motivo de tu orgullo,
aunque,
de vez en cuando,
lo hubiese querido ser.
No volveré.
No volveré.
aunque otros me recuerden lo
dichoso,
-que podría ser-
no volveré.

sábado, 15 de diciembre de 2012

María Angula


A muchos, comer tripas les parece repugnante. Pero a muchos más les encanta. Acá en Quito, son muchas las huecas donde las preparan; tripa mishki o chinchulines, como prefieren llamarlas los más aniñados, tirados a argentinos.
        La fama de este bocadillo es tal, que incluso hay una leyenda urbana conocida como «María Angula», que trata sobre la supuesta historia de un individuo cuyas vísceras formaron parte de un plato de este exquisito manjar, y cuya espíritu volvía cada noche para reclamar a María por sus tripas.
        En La Floresta, célebre sitio de reunión de los fans de los agachados, como se llama a varios platos típicos sobre todo de la Sierra, que se consumen durante la tarde y noche, es común encontrarse con el humo del carbón, en donde las tripas cambian de un rosado claro a un café obscuro rebosante. Dependiendo de las exigencias del cliente, se sirven con mote, papas o salsa de maní. Muchos suelen acompañarlas con morocho caliente; yo las prefiero con Coca-Cola.
        Otro mito interesante sobre este plato, es que su consumo ayuda a quienes padecen de úlceras o gastritis, debido a las grasas de estos intestinos que supuestamente forman una película en el estómago, ideal para el dolor de panza.
        Sin embargo, el rasgo que personalmente me llama más la atención, es la relación que un plato de tripas tiene con el presente: siendo un aperitivo cuyo consumo debe ser inmediato, me invita a pensar en la importancia de vivir el momento, de no dejar algo tan importante como darse un capricho, para después; de comer junto al fuego, de reconocer una parte de nosotros entre el humo del carbón; de no concentrarnos en un futuro inverosímil, en medio de la noche.

lunes, 29 de octubre de 2012

Gaviotas


Te pierdo,
y no hay sol ni palabras
que lo puedan remediar.
Es un viaje sin final,
es imposible detener el barco,
atravesar la tempestad.
No escucho màs la canciòn de aquella
playa en mi cabeza,
solo puedo mirar las gaviotas,
que anuncian que no hay destino.
Me pierdo,
y no hay luna ni palabras
que lo puedan remediar.
Es un viaje hacia el infinito,
es imposible detener la nave,
atravesar la tempestad.
No escucho más la canción del
firmamento desde tu cabeza,
solo puedo mirar las gaviotas,
que anuncian que no hay destino.

lunes, 6 de agosto de 2012

Eco

La vida,
un laberinto de palabras sin fin.
la voz se esfuma en diminutas partículas de luz.
varios fuegos formando un gran fuego,
el eco se desdibuja en cuanto cierras los ojos,
luces y sombras,
tanto que decir, tanto,
tan poco....

sábado, 30 de junio de 2012

Aire

Encontré tu foto,
entre las páginas de mi viejo libro de Bufalo Bill.
Buscaba cualquier cosa,
pero las cosas me encontraron.
Entre viejos papeles de recibos y cuentas,
poesías que un día fueron todo y hoy son leyendas cursis,
me pregunté por el sentido de las cosas.
Si los William Cody dejarán de ser héroes o si
empezaré a ser villano desde ahora.
En tu viejo departamento,
aguardando aún los papeles que nadie quiere recoger,
la sombra invertida que antes dejó una silueta es ahora
la de la tarde.
El billete de avión que al otro lado del océano se convirtió
en un cuerpo lejano,
las cifras en centímetros y bocanadas de aire.
Dime algo,
dímelo todo,
no digas nada,
tampoco.
He olvidado los sueños.
Creo que eran todos,
pero desperté.
Me pregunto si estoy a tiempo aún de empezar de nuevo.
Alguien se acerca.
Le pregunto cómo fue la mudanza.
«Eso fue hace mucho, me responde.
Bienvenido al 2100».

sábado, 2 de junio de 2012

Regreso al bosque

Que extraño es,
mirar a los ojos
y hallar el vacío,
y no,
sentir el color,
atravesar,
las fibras más íntimas
y ser,
uno con el aire
y despertar,
bien,
y así seguir,
y así vivir.
Que extraño es,
escuchar mi propia
voz y sentir,
como la afonía
se apodera de todo,
y no ser más el grito
a fondo,
que estremecía
aquellas fibras
tan sensibles,
en todo.
Y no,
quien sabe más,
sí el viejo roble,
o las hojas secas
del rastro aquel.
Y quien sabe más,
si el rencor,
o la soledad.
Qué extraño es,
mirarme el espejo
al despertar,
una luz extraña,
como algo invisible
en la piel.
Qué extraño es,
estar de vuelta,
y ya no sentir
nada,
no sentir más nada,
solo estar.
Qué extraño es,
a quien le importa,
a donde te perdiste,
donde irás a parar,
ya no.
El rastro de hojas que
dejó,
el viento al escuchar,
mi voz tan afónica
y mis pensamientos
que se fueron
a algún lugar,
y quién sabe más,
si el rencor o la
soledad,
a quien le importa,
a donde te perdiste,
donde irás a parar.
Ya no....
ya no.
El rastro de hojas que
dejó el viento al escuchar,
se desintegra con
mi voz afónica
y mis pensamientos,
que se fueron
a algún lugar.

martes, 29 de mayo de 2012

Días de mi vida

El primer recuerdo que tengo de mi vida es el cielo azul nublado al otro lado de la ventana, las medias sucias en el piso recién encerado y la cobija revuelta en algún lugar. El primer recuerdo que tengo de la calle es una vitrina con personajes hechos de espuma flex, sobre un escenario de musgo y muchas luces de colores: era navidad. También recuerdo los muñecos que venían en el Cola Cao y la canchita que nunca llegué a coleccionar, así como el fútbol que jamás aprendí a jugar bien. La primera canción, de la que más o menos tengo memoria, fue 'The final countdown', de Europe, y 'Hay luto en mi alma' de Los Terricolas. Y el primer juguete, unos legos gigantes que mientras mis hermanos convertían en robots, yo me los metía a la boca.

Días de mi vida.

viernes, 4 de mayo de 2012

Chollima

Sobrevolar el tiempo y el espacio,
ignorar el cansancio,
acariciar el celeste prado.
¿Quién es el arquitecto de este universo?
Lograr que la fantasía arrebate varios
centímetros de piel a la realidad,
atravesar el tiempo y el espacio.
Recoger toda la sangre derramada
en vano,
reunir las palabras que rasgaron
susceptibilidades,
recuperar desde el fondo del mar
la herradura de la fortuna que
llevaba impreso tu nombre.
Sobrevolar el tiempo y el espacio,
arrebatar la piel a la realidad y
sumergirse en lo profundo,
encontrar la herradura con tu
nombre impreso,
reunir las palabras que rasgaron
el espíritu.
¿Quién es el arquitecto de este universo?

sábado, 14 de abril de 2012

Adiós niña

Adiós niña adiós,
en un instante me esfumaré
y el futuro será un sueño sin fin.
Tus colores me harán sobrevivir,
y un día entre la nada te encontraré.

Era invisible el lazo que siempre nos ató,
y hoy vives dentro de mí,
como una canción.

Adiós niña adiós,
no era el tiempo y el lugar,
siento palidecer sobre la piel,
cuando te veo llegar.
Quisiera que el olvido,
no nos pueda perturbar,
quisiera quedarme dentro
de aquel corazón que pintaste en la pared.

Adiós niña adiós,
no cambiará el mundo
porque nos hayamos conocido un
día de abril,
nadie se detendrá a escribir,
nuestra historia solo vivirá,
dentro de ti y de mí.

Adiós niña adiós,
son tantas cosas que
quisiera poder decir,
pero me desvanezco y
me siento al fin,
parte de tí,
y de mí.

Guitarra invisible,
no sabes el calor que me da
imaginar tu voz.

Adiós niña adiós,
siempre te irás sin despedir.

jueves, 5 de abril de 2012

El dueño de la calle

Mientras almorzaba el otro día en el asadero de don Pablo, me enteré por casualidad que se llamaba Rolando. Hasta ese mediodía, nunca tuve idea de que tuviera un nombre. Siempre le decían "no sea malito" "vea, de haciendo esto" "oiga" o simplemente "vecino".

        No me di cuenta de su llegada hasta una tarde en que la Mary, mi vecina del segundo piso, mientras escuchábamos la radio en mi balcón, me insinuó que el hombre que caminaba en la calle con gorra y traje azul era un guardia de seguridad que había contratado alguien. Al principio creí que efectivamente era un guardia, hasta que noté que llevaba un palo que distaba de parecer un tolete y que el supuesto uniforme que traía más bien era una colección de harapos remendados.

        Con el tiempo, me percaté de que el hombre permanecía casi todo el tiempo en la calle, y que su tarea principal era acomodar y vigilar los carros. Un día, mi hermano llegó enfadado a la casa, diciendo que un tipo que se cree el dueño de la calle le había pedido unas monedas.

        Un día, Rolando se acercó a retaquearme. Me dijo que el dueño de la casa donde dormía estaba de viaje, y que necesitaba reunir unos cinco dólares para dormir en la hostal que quedaba a la vuelta de la esquina. Lamentablemente, tenía apenas dos con cincuenta. Le pregunté si le parecía suficiente y me dijo que sí. Regresé a dormir tranquilo, con la casi certeza de que quizás tendría otros dos dólares y que dormiría cómodamente en esa hostal, que suele estar repleta de suizos y gringos que suelen visitar el país.

        El dueño de la calle, como le decía mi ñaño, tenía un acento entre costeño y medio paisa, por lo que muchos le llamaban el colombiano. Un día quise entrevistarle para un trabajo de mi universidad sobre Comunicación y Alteridad, pero misteriosamente el vecino desapareció por varios días. Nunca supe donde había ido; y como no tenía esposa ni hijos, aparentemente, nadie nos dio razones sobre él. Sobre su posible origen, la versión más verosímil me la compartió el zapatero de la cuadra, quien dijo que el dueño de un pequeño y no tan próspero restaurante ubicado casi el frente de mi casa le trajo en alguna ocasión de la Costa. Mi hermano, que parecía empeñado en echar al Rolando de la calle a toda costa, solía decirme que siempre le encontraba fundeando. Cuando finalmente vencí el pánico a conducir, el vecino me ayudaba a parquearme sin rozar a los carros que estaban a los lados. A veces también ayudaba con las compras a los vecinos, y sobre todo con el tanque de gas a las mujeres. Se convirtió en el asistente personal de todos. Un día, en que tuve que ir a traer mi televisor reparado del taller sin el auto, el hombre me ayudó a cargar el aparato, que resultó más pesado de lo que esperaba.

        Así, la vida había transcurrido aparentemente normal hasta esa noche, en que el Rolando me pidió esas monedas y yo, seguro de haber hecho una obra de bien, fui a dormir plácidamente, hasta que recordé que no había sacado la basura de la casa. Era casi la una de la mañana, y cuando regresé de dejar la funda en el depósito, noté que una persona aparecía y desaparecía de la esquina, como si se tratara de un duende. Impresionado por la curiosidad, decidí espiar un rato más. Media hora después, el vecino atravesó toda la calle, para reaparecer durante la siguiente media hora.

        Al día siguiente, quise preguntarle si había dormido en la hostal. En cuanto le saludé, me dijo que me pagaría los dos dólares con cincuenta más luego, cuando tuviera más propinas. Le dije que no se molestara; sin embargo, su comportamiento me siguió pareciendo extraño. Ese día, trabajó como siempre, acomodando carros, ayudando a cargar tanques de gas y bolsas de compras. Por la noche quise volver a espiarle, pero supuse que tal vez estaría durmiendo en el lugar de siempre y que no pasaría nada extraño.

        Sin embargo, varias noches después, mientras volvía a las dos de la mañana de visitar a mi novia, encontré al vecino corriendo por la calle, de la misma manera que la noche que olvidé sacar la basura. Recordé lo que me dijo una vez mi hermano, sobre su supuesta adicción a las drogas. Al día siguiente, encontré al Rolando dormido dentro del cajón de una camioneta que se aparcó a dos casas de la mía. Las semantas siguientes, noté que su aspecto había desmejorado bastante, y que sus ojeras estaban más obscuras. Supuse  que tal vez padecía tuberculosis, o sida. También lo hallé más pálido. Sin embargo, unos días más tarde volví a verle reestablecido, con una nueva chompa y un radio de pilas que lo cargaba por todos lados. También empecé a escucharle cantar, e invitar a los transeúntes de La Alameda a comer en un restaurante que quedaba en la esquina de nuestra calle. Supongo que alguien también le regaló un maso de cartas, con las que jugaba solitario. Por momentos pensaba que era positivo que de cierta manera, ese hombre que no tenía nada hubiese encontrado en nuestra calle una forma de subsistir. Sin embargo, me di cuenta al rato que en cada calle de la ciudad, había aparecido un nuevo hombre, cada uno con su forma de hacer las cosas. Hace tiempo que mi ñaño ha dejado ya de querer enviar a Rolando a la cárcel. Por suerte, no he escuchado quejas sobre él.

        Me pregunto dónde terminará esta historia. Me pregunto si el día en que se muera o le suceda algo, alguien vendrá para cuidarlo. A veces hasta dudo de su nombre.

lunes, 5 de marzo de 2012

Sin parar

Te escucho.
Mi alegría se fundió
en la superficie del mar
con tu aliento.
En algún lugar sabía
que la locura un día
derivaría en una escena
real,
simple pero sublime.
Y verte es como mirar
a la carretera después
de una suave llovizna,
como sí pudiese limpiar
toda la pena.
Mientras permanecías
sonámbula invocaba tu
nombre para que ese
dolor que sentía no se
apoderara de mi sangre.
Era preciso continuar,
pero necesitaba reconfortarme
en tus ojos.

El viento no deja de soplar...

domingo, 4 de marzo de 2012

Baku

Devora esa parte de mi
sueño en que se aparta,
por favor,
devora el modo en
que la obscuridad envuelve
su aura.
Que solo permanezca
en forma de aliento
en mi corazón,
trágate su odio,
que permanezca dentro
mío en forma de luz.
Que esta espiral no termine
de arrebatarnos el día.

miércoles, 29 de febrero de 2012

Día bisiesto

Te diré que te quiero aunque me odies,
el movimiento de traslación que cada año requiere
de otras cinco horas adicionales se tragará mis palabras.
Imaginaré que tu sonrisa atraviesa mi ventana invadida
por miles de puntitos como estrellas en el firmamento,
como acertijos que miro al cielo y una posible
infinidad de respuestas.
Como tallos de hierba,
como tréboles,
como hormigas.
Te diré que te recuerdo aunque me olvides,
el movimiento de rotación borrará durante el amanecer
mis palabras.

lunes, 27 de febrero de 2012

Para matar el chuchaki


Aquel verano del 97 fue muy aburrido. Luego de rendir de mala gana los exámenes supletorios y de terminar una relación de cinco minutos con Glenda, con quien no hubo al final nada de química, decidí que era el momento propicio para suicidarme. Tomé un esfero Bic negro que de tanto masticar había convertido en un filoso cuchillo, y mientras apuntaba ideas sobre la forma más memorable de aniquilarme, el teléfono de la casa, que casi siempre sonaba para mi hermano mayor, preguntó en esa ocasión por mí.

   ―¿Juan? 
   ―¿Sandra? 
   ―Sí, soy yo. ¿Cómo estás? tuve una pesadilla horrible. Soñé que morías y que te tejía una bufanda negra para que tu cadáver no sintiera frío... por favor, dime que estás bien... 
   ―Descuida, estoy bien... y no te paniquées con eso, solo es un sueño. 

   Ahora resulta que la Sandy era una especie de adivina, medium o lo que sea. Bueno... A Sandra la conocí durante la infancia; parecía hablar con acento de la Costa (no tanto como Glenda) y al principio parecía un poco sobrada, aunque tímida. 

   Cuando mi prima Inés llegó desde Imbabura al quinto grado, se hicieron grandes amigas. Inés, Sandra y yo solíamos caminar juntos hasta la casa. En sexto grado también fuimos compañeros de catequesis. Un día, al salir a una excursión hacia Guápulo junto a varios grupos de primera comunión y confirmación de otras parroquias, nos perdimos. Estaba enfadado; siempre tuve mal carácter. Sandra e Inés, por el contrario, disfrutaron de esa tarde. Al final, la Sandy nos llevó a su casa y nos ofreció galletas con jugo de tomate de árbol. Luego de terminar la escuela, en julio del 93, Sandra se mudó a un barrio lejano del norte de Quito. No tuve teléfono en casa hasta 1995; de haber existido Facebook entonces, probablemente no hubiésemos perdido el contacto. Es por esta razón que se me hizo muy raro que la Sandy ubicara mi número, especialmente porque nuestra línea no constaba a nombre de mi padre.

    ―Gracias, Sandra ―le respondí. Recibiré con gusto tu bufanda esta misma tarde.

domingo, 26 de febrero de 2012

Hoja de roble

Te extraño. Qué decir… Es uno de esos domingos en que solo los dibujos animados de la noche parecen amortiguar la pena por unos instantes. Quisiera que estuvieras acá. No sabes cuánto. Hay ocasiones en que desearía ser como una hoja de roble y que un huracán me llevara de inmediato hacia donde estás vos… O ser como un pájaro que no se canse de volar.… O poseer la maravillosa capacidad de la amnesia selectiva… Es una alucinación. Es como sumergirse en lo más hondo del mar por unos segundos y ahogarse en la ansiedad… Nostalgia e incertidumbre juntas…

viernes, 24 de febrero de 2012

Parte de todo



        ¿De verdad vas a morir? ― le pregunté sin titubeos.
        ―Sí, pero no siento miedo ―me respondió. Morir es otra parte del gran todo.

        Bebimos. Esa tarde nos volvimos a encontrar después de dos meses de no vernos. La última ocasión, discutimos por alguna tontería, tan poco trascendental, que ya habíamos olvidado.

        ―Me gusta esta vida. Quisiera vivir sólo bebiendo.
        ―No lo sé, creo que me aburriría ―le respondí. 

        Hace tiempo que sueño que moriré. Hay veces en que tengo miedo de que mis sueños sean premonitorios. Como aquella vez, en que soñé que iba en un auto, y al sacar el brazo por la ventana, una rata se metía bajo mi manga. Esa misma noche, una rata visitó mi departamento. O como cuando sueño con Violeta, mi ex, que siempre me augura que tendré dinero de una u otra forma durante el transcurso de ese día. Hay veces en que esas cosas me provocan un ataque de pánico. Ese día, Priska fue la única persona en el mundo a la que me animé a contarle. Nunca me lo ha dicho personalmente, pero varias de sus amigas murmuraron alguna vez que padecía cierto tipo de cáncer. En varias ocasiones he tratado de preguntarle, pero siento miedo. A veces quiero  creer que no es verdad, que se trata de un juego de mentirillas para llamar la atención. Alguna vez la quise. Hay veces en que siento que todavía la quiero. Ojalá que todo esto sea falso. Que este mundo sólo sea el producto de la imaginación de un caprichoso escritor que de un mágico modo de un giro de 180 grados en su historia. Sin embargo, los únicos 180 grados que siento ahora son los del alcohol en mi garganta.

        ―No estés triste ―me respondió, luego de verme divagar.
        ―¿Vas a conducir así? ―le pregunté.
        ―Claro que no. Vamos a almorzar, yo te invito. ¿Qué te gustaría comer? ―prosiguió.
        ―No sé, lo que tú quieras.

        Esa tarde, nuestros autos aguardaron por nosotros un poco más de la cuenta. Después de comer un par de bolones de verde, dos tazas de café y una porción de fritada, algo volvió en nosotros.

        ―¿Te gustaría subir a la terraza y mirar como se cae el sol? ―me preguntó.
        ―Sí, por qué no.

Ese día, por primera vez, el sol brilló de un modo distinto.





miércoles, 22 de febrero de 2012

Pornografía



Cómo te digo,
que solía pelear,
donde el fuego,
era un círculo de ficción,
y,
me volaba los sesos,
con fotones y relámpagos,
texturas sin fin,
no me ordenes parar,
pudiera ser errático.
Cómo me digo,
que soñar era un vínculo,
con el grande y profundo
mar,
de tus huellas,
sobre mí,
y que más da,
parezco dormir,
pero he perdido,
algo más que la cabeza,
por ti,
me encuentro en un limbo,
tengo que salir de aquí,
y cómo te digo,
y cómo te digo
que he perdido el control
y me he perdido,
en tu piel,
en el sueño aquel,
navegábamos,
hasta alcanzar el sol,
y sudar hasta volvernos
el mar,
no sé,
salir de esta
alucinación,
me pierdo cada vez,
y no hay razón,
cómo me digo,
es hora de partir,
es tiempo de volver,
del paraíso aquel.
Cómo te digo...

martes, 21 de febrero de 2012

Yerba

En tu vida
una promesa
larga vida,
en la pradera.
Que nos queda
de esta espera,
no despiertan,
mis esquemas.
Y hoy,
da vuelta el reloj,
que nos deparará
el mañana,
sabré yo,
quizás,
una descarga,
bajo el sol,
y no sé qué decir,
tarde desierta.

Todos regresan,
la calle espera,
y no,
me he vuelto,
a,
doblar.
Del cielo,
cayó,
una gota
de rocío,
que el infinito
inspiró.
Escribí una carta,
que el viento devolvió,
y no,
se,
despliega.

En tu vida,
una promesa,
larga vida,
en la pradera.
Que nos queda,
de esta espera,
no despiertan,
mis esquemas.