jueves, 8 de julio de 2010

Suele suceder


Esa
tarde habían más luces que de costumbre; el aroma de las flores era tan intenso que provocaba nauseas. Pese a que no existía el invierno en ese lugar del mundo, las personas llevaban prendas obscuras, que seguramente provocaban asfixia. Varias mujeres llevaban la cabeza cubierta con velos, a la manera musulmana; pese a estar tristes, todos se abrazaban y repetían "no somos nada".

        No entendía aquella situación. Intentaba hacer preguntas, pero a nadie parecía importarle. De pronto, alguien me hizo caso. ¿Por qué todo esto? le interrogué.

     No sé. Pero suele suceder.

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