lunes, 3 de agosto de 2009

Stefan, el profeta


Las jornadas en la sala de redacción del diario eran increiblemente estresantes: todo era para ayer. La editora era una vieja warever a la que al parecer le faltaba sexo (unos días después supe que el novio le dejó por un gringo), y todos debíamos cumplir sus órdenes. Fue casi un golpe suerte que mi ortografía y sintáxis fueran aceptables; eso evitó que me boten de la pasantía por algunos meses. Claro está, nada que ver con la Lore, la preferida de Doña Hortensia (doña Horto le llamabamos en corto, por si las moscas).

En el diario que se llamaba El Mensaje debía cubrir comunitarias, lo que no me causaba la menor gracia. Siempre soñé con escribir sobre economía y finanzas, me parecía un tema súper interesante. Pero el chance nunca llegó, y a que no saben quien estaba en esa sección. ¡Ajá! Estaba la Lore. La sección deportiva también me fastidiaba: de los tres pelagatos que la cubrían, dos eran liguistas y la otra man se declaraba agnóstica del fútbol (eso sí, con un pelado liguista también). Siempre me pifiaban por ser del Deportivo Quito, un equipo de perfil bajo, de contínuas desilusiones para nosotros sus hinchas pero al fin al cabo, el equipo de mis amores.

Mariana era el nombre de la aguafiestas de la sección de deportes; un día, Doña Horto me preguntó si no estaría interesado en cubrir el puesto de la desubicada hincha de ningún equipo, puesto que Norma, una de las chicas de cultura, había pasado a mejor vida (es decir, se había ido de El Mensaje a una revista cultural) y Mariana la relevaría. Estaba casi todo listo: sin embargo, esa misma tarde una llamada telefónica lo cambió todo: Stefan, un reverendo desconocido de la San Pancho ocuparía ese lugar.

Bastante cabreado y con un par de bielas encima, esa noche le conté todo a Eliana, mi novia, quien para colmo estaba media estresada por no sé qué razón. Luego de que se fue a su casa, volví a la mía, con un tremendo dolor de cabeza y ganas de volver al día siguiente a escupir al tal Stefan y de pellizcarle el horto a Doña Horto, la omnipotente editora. No podía dormir, así que prendí la tele con la esperanza de que la radiación de rayos catódicos hicieran efecto en mí.

La mañana siguiente fue un chuchaqui seco de lo más hecho pedazos. Doña Horto fue la primera en saludarme. -¡AHÍ ESTÁ EL IRRESPONSABLE, TOMA Y NI SIQUIERA APARENTA EL CHUCHAQUI... A TRABAJAR!!!- dijo, saltándose a propósito el buenos días, que por cortesía tuve que decirle antes.

-Hola, que plena película Hombre en llamas, no?- me dijo el Stefan, quien se veía muy lúcido.

-Sí, claro- le dije; en efecto, había visto Hombre en llamas esa noche.

-De ley- que buena actriz es esa niña Dakota- concluyó, antes de largarse.

-Mierda- me dije a mí mismo. ¿Y éste tarado vio la misma película que yo? me pregunté.


-¡HOY TIENE QUE IR PARA SOLANDA Y ESCRIBIR UN REPORTAJE SOBRE LOS NIÑOS FALLECIDOS, SEÑOR PÉREZ!!- me dijo Doña Horto, casi fúrica.

-Si doña Hortensia- dije, -Pero necesitaré que me presten para el transporte- seguí.

Doña Hortensia era bien tacaña, tan coda que le cobraba arriendo a la hija, según me contó una vez la Lore, en una de esas dizque reuniones de integración.


Al salir de la sala de redacción, que no tenía nada de espectacular (las oficinas quedaban en el séptimo piso de un edificio verde de doce pisos del centro norte de la ciudad), sentí alivio por un momento, pero ese suspiro se cortó repentinamente cuando escuché el bip de un carro rojo de cuatro puertas.

-Tienes que irte a Solanda? si quieres te llevo- me dijo Stefan, la adquisición más reciente de El Mensaje.

-Pero no tienes que irte al estadio para el partido del Nacional contra el Olmedo?- le respondí con algo de desdén.

-Qué va- Esos manes empatan a cero.

Me valía verga si le botaban al Stefan por faltar al partido, hasta pensé que ojalá así fuera por llevarme hasta Solanda, así que acepté su propuesta, con algo de malicia.

Gracias.


Oye, ¿Y que sentiste cuando la Eliana te terminó ayer jueves?- me dijo, mientras escuchábamos un disco de Babasónicos.

-¿Cómo sabes que mi pelada se llama Eliana?- le pregunté, sin darme cuenta de la barrabasada que me dijo sobre que me terminó ayer jueves, cuando era miércoles.

Vamos, en esa sala de redacción de ley te cuentan todo- prosiguió.

Tristemente, eso era cierto: aparte de infeliz, frustrada sexualmente y enamorada de un perro chiguagua llamado Pony, Doña Horto era una chismosa disfrazada de beata que en sus ratos libres o en esas dizque "integraciones" no dejaba de mangonear sobre la vida privada de los otros.

Mientras andábamos en el Chevrolet Aveo, el Stefan "adivinó" otras cosas más, por ejemplo, mis gustos musicales. Me encantaba Banasónicos: "canción llévame lejos, donde nadie se acuerde de mi, quiero ser el murmullo de alguna ciudad que no sepa, quien soy" era mi tonada favorita.

¿Quiéres que ponga algo de Tercer Mundo, Fofy? tengo un mp3 de los manes, no sientas pena, a mi también me gusta escucharlos de vez en cuando- dijo, ante lo que me quedé frío.

Fofy era el apodo que me decían en el colegio; por aquellos años, aparte de ser uno de los más enanos de la clase, era bastante gordo y para colmo estaban de moda unas galletas de vainilla y chocolate llamadas Fofys. Un tipo llamado Marco (que tenía cara de Goofy y de imbécil) me había puesto ese apodo en primer curso, mismo que no pude quitármelo hasta cuarto, año en el que por fin ese tarado se había largado del colegio.


-¿Eras amigo de un tal Marco Tufiño?- le pregunté con inquietud.

-Nica. Yo no estudié en La Salle, estuve en el San Gabriel- respondió.

En ese momento traté de armar varias piezas en mi cabeza: O doña Horto se enteró de varios detalles íntimos de mi vida en alguna de aquellas "integraciones", o el Stefan Nieto era pana del Marco Tufiño, o la Eliana era alguna amiga o ex del man, o estaba siendo parte de una broma de cámara escondida.

-No le putearás al Hansel por comerse la mesa de la sala- me dijo al botarme en Solanda. Nos vemos- concluyó.

¿Quién txutxa será este man? dije casi en voz alta, luego de bajarme del carro rojo del Stefan.



Cuatro días más tarde, todo lo que dijo el Stefan se había cumplido: la noche siguiente de aquél día, la Eliana me confesó que había vuelto con el Pato, un exnovio suyo que volvió de Estados Unidos y que por ende (las palabras estaban de más), "seguiríamos siendo amigos" (pobre cínica, y encima robándose la letra de una de las canciones de Hombres G). El Hansel, mi perro, a quién le puse ese nombre porque piensa que mi departamento es de chocolate y se lo come a pedazos día tras día, se había comido las esquinas de la mesita de centro de la sala, lo que me provocó una gran cabreadera e hizo que esa noche le hiciera dormir en la terraza, sin agua ni comida. El Nacional y el Olmedo habían empatado a ceros esa misma tarde; como El Mensaje no es un gran periódico, el Stefan no tuvo que hacer un gran trabajo al respecto. Lo de Tercer Mundo fue lo más sorprendente de todo, porque me daba mucha verguenza admitir que eran fan de aquél grupo de canciones ñoñas, pero que sin embargo escucho en este momento.


Me pregunto si lo del Stefan no sería olfato periodístico puro. Me pregunto si el man en realidad era el tal Pato con el que volvió la Eli. Me pregunto si en la San Pancho, dentro de sus asignaturas new age les enseñan también a adivinar y a levitar como Kaliman. Me pregunto si el man es un espía que pretende joderme la vida. Hay tantas cosas inexplicables en el mundo; quizás todo eso fue sólo una coincidencia.


a Carlo Celi

4 comentarios:

Animinimundo dijo...

Tan Raro lo del Stefan no.. pues yo voto por lo de la teoria q en la san pancho ya hasta les enseñan a ver mas alla de lo evidente ... bueno tu post.

Saludos

INSTANTES dijo...

…hay ciertos personajes que pueden conseguir saberlo todo o casi todo; también existe la posibilidad que se lo hayas contado en un sueño. O en su interés por ti, pudo leerte. En estos tiempos todo tiene muchas variantes o explicaciones, no existe una verdad absoluta, todo es posible, incluso que tu mismo puedas ser el Stefan , (el poder del desdoblamiento…
,entretenida historia, y pobre Doña Horto a los limites que puede llegar alguien por escasez de sexo ja!
Saludos!

francisca dijo...

tan coloquialmente quiteño, como si en lugar de leerlo lo escuchara y eso me gustó mucho. Lo único que no le salva es ser del Deportivo Quito...es que la Liga, ya sabes...

ah, y es en Manabí, camino a Montecristi.

un abrazo,

Mo Ka Hammeken dijo...

¡Que locura! De esas cosas que pasan y que no te explicas... esta es de las peores.

Es como una historia de la dimensión desconocida, una vieja editora chismosa y terrible, una resaca o cruda (te soy honesta tuve que buscar chuchaqui en los diccionarios de la red), que no sabes que es real y que es mentira y un nuevo personaje de misterio llegado de la nada.


Me encantó.

¡Saludos!