lunes, 6 de octubre de 2008

Tula




Es evidente de donde se sacó el nombre: durante su infancia, como mucho otros chicos, había visto por la tele la peli animada Fievel, donde aparecía una simpática araña llamada Tula. El lío era de donde se sacó la araña, y por qué había decidido esa mascota y no otra.




El último vecino del cuarto de al lado se había casado y la pieza había quedado vacía por algunos meses. El cuarto era húmedo, y estaba bastante despintado. "A menos que lo arreglen nunca alguien se cambiará a ese lugar" pensaba a veces cuando no tenía nada que hacer. Pero me equivoqué.




Un día vi una maleta parchada junto a mi puerta: tenía varias insignias de grupos punk y metal. "Que bakán, otro rocker" me dije, aunque también recordé que el heavy no me resultaba tan agradable como el alternativo. Por unos amigos de la facultad que por pura casualidad lo conocían (ahi me di cuenta definitavamente de lo pequeño que es el mundo) supe que se llamaba Juan Carlos, y que había venido de Ambato para estudiar en la Facultad de Jurisprudencia.




No soy muy sociable, por lo que es evidente que no me hice pana del Juanka como lo llamaban sus conocidos. Pero él tampoco lo era.




Nací en Guaranda (Guaranda queda muy cerca de Ambato) por lo que, en una ocasión y luego del feriado de Carnaval de febrero, coincidimos en el mismo bus de regreso a Quito. El Juanka lucía tremendamente chuchaki, que es la manera que tenemos en Ecuador de llamar a la resaca. Pero más que su cara de pena, algo llamó mucho más mi atención: el frasco que llevaba entre las manos, con una araña tan grande que al principio creí que era alguna tarántula.




-Qué fue loco- me dijo inesperedamente, al sentarse junto a mí.


-Nada, fresco no más- le respondí.




Conversamos un poco sobre música; los Sex Pistols y los Ramones resultaron ser nuestras bandas en común. Porsupuesto, el man olía a rayos: ni siquiera yo, que me había embriagado los tres días con puro pájaro azul, un licor de mi provincia, padecía de ese tufo.




La curiosidad me venció por fin.




-Por qué llevas esa araña?- pregunté.


-Chucha, por que estoy solo- respondío a lo que seguidamente cerró los ojos para dormirse junto a la ventana.




Luego de volver a nuestra metrópoli que no es nada comparada con otras ciudades como Guayaquil, Lima o Santiago, no volvimos a hablarnos durante semanas. Sólo le veía a veces, con unas fundas llenas de pequeñas moscas que el Juanka le llevaba a la Tula de vez en cuando. Con el pasar de las semanas, el Juanka estaba más delgado. Por un momento pensé que tal vez tenía alguna enfermedad grave; la Lucía, una compañera de mi facultad que por casualidad era medio prima hermana de octavo grado, me contó que el Juanka era bastante fumón, y que el poco dinero que le enviaban sus padres desde Ambato se lo gastaba en yerba. No me constaba eso, hasta que un día le vi salir tras una cortina de humo, un día que decidí pedirle un disco de Sex Pistols.




-¿No tienes hambre?- le pregunté.




-No, gracias- respondió.




Me preguntaba que comía el Juanka; era obvio que casi nada, pero al menos debía consumir algo.




Por su parte, Tula llevaba una vida obviamente monótona para el ojo humano, detrás de una pared de cristal, con una ración ocasional de moscas.




Una mañana, al despertar, encontré una araña en mi pared. "Tiene que ser la Tula" pensé.


Se la llevé al Juanka. Estaba más grifo que nunca.


-Gracias loco. Es que pensé que la Tula estaba aburrida y decidí dejar que se pasee por los techos, me respondió.




Por suerte, la casera vivía en España; sólo aparecía una vez al mes un man para cobrar del arriendo.




Un día, encontré la mochila rota y vieja del Juanka junto al basurero. También había un frasco roto. El Juanka había sido desalojado; no sé si por no pagar del arriendo, o porque hacía tiempo que ya no asistía a sus cursos de Derecho.




Una última curiosidad despertó en mi interior, y decidí echar una última mirada al cuarto del Juanka. Lo único que encontré, en medio de todo ese silencio, fue a la Tula, durmiendo un sueño que parecía el más eterno y plácido de todos.




A Carlos Armijos

6 comentarios:

Anónimo dijo...

Si hay algo que me gusta ; son los cuentos y también las arañas, por lo tanto este texto me sedujo por completo.

J.L

fabrisaurio dijo...

Buen relato, mientras lo leía escuchaba en mi cabeza Lullaby de The Cure.

Kodama San dijo...

:O

Me quedé con la boca abierta. No sé qué tanto tenga de real este relato, pero me lo creí y todito.

Oye, vos naciste en Quito o en Guaranda? ya me quedó la duda jejeje.

Un abracito.

algoquecontar dijo...

Me ha encantado el texto!
Que bonito tu blog
me gustaria que te pasaras por el mio i opinaras sobre mis reflexiones. Un beso

David Nicolalde dijo...

Para Joy: Nací en Quito. El relato fue inspirado en una anécdota contada por Carlos Armijos (NoF, el dibujante de Caricato) quién si nació en Guaranda y tenía un vecino con una araña, cuyos padres fueron a España o algo así.
Para Algo que contar: Muchas gracias por tus comentarios, pronto estaré visitando tu blog. Muchas gracias a todos.
Para Fabrisaurio: A mi también me encanta THE CURE.

Kodama San dijo...

ah bueno, yo ya me creí todo, ves? me esa capacidad tuya de escribir que me revolviste todos los conocimientos que tengo de vos jejeje.